Contrainjerencia.com
Iniciando feeds...

Ecuador: “Había canales que estuvieron ahí desde la noche anterior: todo estaba preparado”

Caracas, 28 Oct. AVN (Raúl Cazal).- En tiempos pasados, los “ruidos de sables” —como llamaban al “descontento” en los cuarteles militares— se preparaban y cumplían con sigilo. En tiempos de ahora, los golpes de Estado vienen acompañados de ruidos mediáticos y, sin embargo, agarran desprevenido a más de uno. Como al presidente ecuatoriano Rafael Correa, que el 30 de septiembre se presentó en el cuartel del Regimiento Quito No. 1 de la Policía Nacional para dialogar con los miembros de esa institucicon, que se declararon en rebeldía influidos por la desinformación y manipulación a la que fueron sometidos. Días antes, mediante panfletos y rumores se les hizo creer que la nueva Ley de Servicio Público eliminaba sus beneficios laborales.

“Me desayuné con la noticia en la televisión”, relata Andrés Reliche, periodista de política de la agencia estatal Andes. Eran las 9 de la mañana cuando se fue a su puesto de trabajo. Pensaba que iba a cubrir las actividades del Presidente, pero su compañera Jacqueline Burbano llegó primero a las instalaciones de la agencia y se fue en tacones al Cuartel de la Policía.

Una hora antes, la directora de Radio Nacional de Ecuador, Giovanna Tassi, se aprestaba a comenzar su programa “Cabina pública”, cuando vio en la televisión “a los chapas (los policías), que estaban medio agitados”.

“Como lo estaba cubriendo Teleamazonas, que es un canal tan escandaloso, no es que no le di importancia, sino que me dije ‘veamos qué pasa’. Hice mi programa y seguían los milicos. Después me dicen que el Presidente va para allá”, rememora Tassi con una sonrisa y mirada vivaz. Y allí ya no tuvo dudas: “Esta jornada durará lo que tenga que durar, pero de aquí no nos movemos.” Y regresó a la cabina para cambiar la programación.

Su jornada duró 14 horas de transmisión ininterrumpidas, sin cortinas, sin cortes comerciales, acompañada de Carlos Flores, jefe de Noticias a nivel nacional, y de Javier Lazo, una de las voces de la radio y televisión pública.

“Esto nos agarró de improviso”, reflexiona Alex Mora, director de Noticias del canal público Ecuador TV, para señalar las dificultades técnicas que confrontaron.

“Poner una microondas en el lugar donde estaba el Presidente nos tomó casi una hora y media. Pero había canales que ya estaban ahí, que tenían puntos de transmisión desde muy temprano en el Regimiento Quito No. 1, y sabían lo que iba a suceder”, detalla Mora.

—¿Qué canales eran?

—Teleamazonas y Canal Uno. Cuando te enteras de algo, creas todo un operativo para tratar de generar transmisiones. Y cuando te enteras de que otros canales estuvieron desde muy temprano, incluso desde la noche anterior, con puntos de transmisión en vivo, es porque ya todo estaba preparado.

—¿En dónde tenían colocados los puntos de transmisión esos canales?

—Tenían sus equipos dentro del Regimiento. Nosotros nunca pudimos ingresar los equipos. Transmitimos desde afuera.

El guión del golpe

Los medios de comunicación privados, sin dejar de lado su programación, informaron del supuesto “descontento” de la Policía Nacional, pero en ningún momento anunciaron que se trataba de un golpe de Estado, a pesar de que los regimientos policiales de todo el país se sublevaron a la misma hora y las carreteras y puentes principales fueron bloqueados. Tampoco lo hicieron cuando la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) tomó el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito y la guardia de seguridad de la Asamblea hizo lo mismo con el parlamento, a donde sólo permitía entrar a los asambleístas de los partidos de oposición, que a su vez arengaban en la calle, desde camionetas de la policía, para que el pueblo se alzara en contra del Gobierno.

“Me atrevería a decir que esta es una guerra de baja intensidad, que tiene picos para mantener la zozobra y el desorden. Esto, por qué no, pudo haber sido un globo de ensayo, para detectar dónde hubo las fallas y mejorarlas”, plantea Tassi con el respaldo que le dan sus años de experiencia como periodista. Y sospecha de la oposición, porque no olvida que “está dirigida por ex militares, expertos en inteligencia militar y guerra psicológica”.

Correa intentó entrar al cuartel, pero le fue impedido el paso por un aluvión de empujones y gritos insultantes de los policías. Al fotógrafo que acompañaba al Presidente lo golpearon y le arrebataron la cámara, que luego echaron al centro de unos cauchos que incendiaron en la entrada del Regimiento.

Con sus ánimos ya caldeados, los uniformados pretendieron ir contra los periodistas y camarógrafos de Teleamazonas, que sólo salvaron su integridad y sus equipos “cuando gritaron que no los agredieran, porque ellos estaban ahí para defender y apoyar a la Policía”, comentan los reporteros de Ecuador TV.

Minutos más tarde, Correa regresó al Cuartel y logró entrar al edificio acompañado de su guardia de seguridad y del ministro del Interior, Gustavo Jalkh. Desde el primer piso intentó vanamente dar a conocer los beneficios de la nueva ley y convencer a los uniformados, que constantemente gritaban: “¡Viva Lucio!”, “¡Fuera los cubanos!”, “¡Fuera Chávez!”.

Fue entonces que se escuchó el gríto: “¡Mátenlo!”, “¡Maten al Presidente!”. Todavía frente a las cámaras, Correa hizo una pausa en su discurso, como quien no cree lo que está escuchando, y los retó mientras se desataba la corbata: “Señores, si quieren matar al Presidente, ¡aquí está! ¡Mátenlo si tienen valor!, en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos. Pero seguiremos con un sola política de justicia y de dignidad”, fueron algunas de sus últimas frases televisadas.

Al momento de retirarse del cuartel, Correa fue rodeado por policías que continuaron con los insultos e intentaron quebrarle su rodilla derecha, recién operada. También le dispararon bombas lacrimógenas a la cabeza. Con crisis de asfixia, fue llevado al Hospital más cercano: el de la Policía, en donde permaneció secuestrado por más de nueve horas.

Tassi recuerda la conversación telefónica que sostuvo con el Mandatario desde la cabina de Radio Nacional, retransmitida inmediatamente por Ecuador TV y Telesur, cuando él le dijo: “Están bajando del techo para venirme a ver”.

—Eso era un mensaje a García. Y por eso lo volvió a repetir: “Giovanna, insisto, están bajando del techo para venirme a ver”. En ese momento dije: “Hay que ir al Hospital, hay que proteger la democracia, vamos al Hospital…”. No fui demasiado fría en esos momentos, pero nunca insté a un enfrentamiento de hermanos contra hermanos. Dije: “En este momento el corazón del Ecuador está en el tercer piso del Hospital de la Policía, y allá hay que ir”.

—Los periódicos El Comercio y El Universo aseguran que si no fuera por los medios privados, no se hubiera conocido la verdad.

—¿Pero qué verdad? ¡Nosotros estábamos ahí! Es exactamente la misma. Los policías disparando al túnel de hombres, gases lacrimógenos y balas. La verdad es esa. El Presidente estaba prisionero, hubo un intento de golpe de Estado. Y sinceramente tengo mis puntos de interrogación sobre el rol de las Fuerzas Armadas, a pesar de que finalmente, en voz baja, dijeron en la rueda de prensa: “Apoyamos al orden constituido”. Pero así, en voz muy baja. Y dije ante los micrófonos que eso me recuerda a Abdalá Bucarám, cuando las FFAA se mantuvieron a un lado, viendo qué pasaba, para al final entrar en el escenario y decir: “A ver, niños, ahora les enseñaremos cómo hay que ordenar al país y cómo funciona la democracia”.

E inmediatamente Tassi recuerda el nombre del general Paco Moncayo, quien estuvo a la cabeza del golpe de Estado de 1996, y que actualmente es asambleísta.

Rescate del Presidente

“La plaza Independencia estaba llena de personas que espontáneamente habían llegado a apoyar al Presidente”, recuerda Reliche mientras no recibe en la oficina de la agencia de noticias Andes, y menciona como destacable la presencia del canciller Ricardo Patiño, que tomó la decisión de comandar a un grupo de ciudadanos que lo acompañaron a pie hasta el Hospital de la Policía.

Quito es una ciudad de lomas, de subidas y bajadas, además de tener las cuatro estaciones en un mismo día. Al mediodía sube la temperatura y ya es verano. “Unas 800 personas subieron las lomas hasta llegar a la casa de salud donde el Presidente estaba secuestrado”, relata el periodista de política de Andes, y comenta que “en el trayecto se les sumaban más personas, mientras los vecinos, de manera espontánea, iban proveyendo de agua o de un guiné (banano) a los que participaban en la movilización, para que tomaran fuerzas. Esta espontaneidad del pueblo nunca la difundieron los medios privados”.

“No dejaban pasar a los simpatizantes del Presidente que querían rescatarlo”, confesó Víctor Orozco, quien desde hace 25 años tiene un puesto de venta de bebidas y frutas (quincalla) frente al hospital y presenció cómo a quienes avanzaban hacia allá “los repelían con bombas lacrimógenas”.

En esta movilización espontánea hacia el hospital, a primeras horas de la tarde, perdió la vida el estudiante universitario Juan Pablo Bolaños, de 24 años de edad, quien recibió dos tiros de bala: uno en la cabeza y otro en la pierna.

Rafael Correa logró salvar su vida luego de ser rescatado por militares de la Fuerzas Armadas, en combinación con el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) y el Grupo de Intervención y Rescate (GIR), ambos de la Policía Nacional, que se mantuvieron leales al Gobierno.

“A mi me quisieron matar. Ustedes saben que yo no dramatizo”, dijo Correa cuando retomó el Enlace Ciudadano No. 190, el sábado siguiente al intento de golpe de Estado, y recordó las amenazas que recibieron —vía telefónica— su esposa y las de sus ministros Patiño y Jalkh. “Hoy día leía la declaración de un infame médico del hospital policial que decía que soy un mentiroso, que nunca estuve secuestrado y que siempre pude salir cuando quisiera”. Sólo que para salir, continuó Correa con ironía, “se necesitaron 600 hombres de las Fuerzas Especiales, decenas de heridos y cuatro muertos”.

El automóvil utilizado para el rescate del Presidente —que no era blindado— recibió cinco balazos, de un total de 17 que impactaron en los tres autos usados para la liberación.

Medios ecuatorianos y agencias de noticias internacionales se hicieron eco de un correo electrónico emitido por el médico general Gilberto Calle, y de declaraciones del bioquímico farmacéutico Fernando Vargas, ambos del Hospital Quito No. 1, que desmentían que el Presidente hubiera sido secuestrado.

Tanto Calle como Vargas declararon posteriormente a los medios públicos que no estuvieron presentes en el Hospital ese día. Quizá sea por ello que en la declaración electrónica no dan cuenta de los más de 200 policías que rodeaban el centro hospitalario, que requisaban los vehículos que de allí salían y que por las radios de sus patrullas llamaban a matar al Presidente; como tampoco de los francotiradores apostados en la azotea de la Morgue de la Policía (ubicada al frente) y de los impactos de bala que recibió el sanatorio, tanto en la planta baja como en el tercer piso, en donde se encontraba Correa.

El grupo élite que participó en la liberación del Presidente recibió instrucciones precisas para rescatarlo con vida: “No disparamos. Si nos disparan, ¡qué pena!”, dijo uno de los comandantes a sus soldados antes la operación.

En el rescate murió el cabo primero Froilán Jiménez, del GOE; mientras que el soldado del Ejército Jairo Panchi Ortiz recibió un disparo que le perforó el pulmón, por no portar el chaleco antibalas. Momentos antes se había desprendido de éste para entregárselo al presidente Correa.

En el lugar donde cayó el soldado Jiménez, los ciudadanos decidieron rendirle un homenaje dejando ofrendas florales y velas. Un policía Nacional, de los pocos que se veían por las calles de Quito después del intento de golpe de Estado, sensiblemente afectado por sus compañeros muertos, lamentó lo ocurrido.

“Yo no participé porque estaba en mi unidad en Las Shyris (norte de Quito, cerca del Aeropuerto). Allí no nos dejaron salir, nos encerraron”, dijo el policía, que prefirió no identificarse y sólo aportó que lleva 11 años en la Policía Nacional y detenta el rango de cabo primero. También dijo desconocer el contenido de la Ley de Servicio Público y que lo poco que sabía era a través de unos “pasquines que decían que se eliminaban las condecoraciones y bonificaciones”. El panfleto le fue “entregado el día anterior (a la sublevación) en las cercanías del Regimiento Quito No. 1”.

“Ya sabemos que esto no fue una reivindicación por pérdidas de beneficios, que, si así hubiera ocurrido, no era esa la forma de reclamar”, reiteró Correa en el Enlace Ciudadano número 190, al lamentar las muertes de soldados y civiles durante la sublevación y en su rescate.

La Policía Nacional cuenta con 42.000 efectivos. Desde que en 2008 el Gobierno hizo una homologación de sueldos en esa institución, el funcionario de menor rango tiene un ingreso mensual de US$ 792 después, mientras que en 2006 ganaba US$ 355. La cesta básica en Ecuador tiene un costo de US$ 280 y el salario digno (mínimo) es de US$ 332.

La prensa miente

El mismo jueves 30 de septiembre a primeras horas de la tarde, en cumplimiento del Estado de excepción promulgado por el Gobierno, los militares se apostaron en todas las instalaciones públicas. La Plaza Grande o Independencia estuvo resguardada por un contingente del Ejército, pero era muy sencillo llegar hasta el Palacio de Carondelet, lugar donde despacha el Presidente de Ecuador. Bastaba con mostrar un carnet de prensa para que los soldados te abrieran paso.

Dos días después del intento de golpe de Estado, el Ejército mantenía la misma cantidad de efectivos en la plaza, sólo que esta vez un tumulto de gente estaba ante la puerta lateral de Carondelet. Al principio había una fila más o menos ordenada, hasta que empezaron a entrar las personas acreditadas para participar en el Enlace Ciudadano.

Un oficial llamaba por apellido y nombre —en ese orden— a quienes habían quedado rezagados para entrar, mientras otros tantos se agolpaban en la cerca y vanamente intentaban ingresar al Palacio para demostrar, en persona, su apoyo o cariño a Correa.

Como enviado especial de AVN, intenté tomar fotos en medio del tumulto. Eso hacía cuando un militar vestido de campaña, con casco y armamento a cuestas, me llamó a traspasar la barrera de soldados. Pensé que me requisaría la cámara, porque me pidió que me pusiera a un costado, contra una pared, pero lo que hizo fue preguntarme amablemente sobre detalles técnicos de la cámara digital.

La charla fotográfica hizo que pasara el tiempo mientras esperábamos mencionaran nuestros apellidos y nombres. Supuestamente, un funcionario de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia nos buscaría en la entrada, pero nadie vino a nuestro encuentro. Para poder entrar a Palacio tuvimos que aplicar el método que vimos antes ejercer a otros: gritar “Prensa”, mostrar el carnet, y abrirnos paso entre las personas que, con empujones, intentaban burlar el cerco de la seguridad militar.

—La prensa miente —gritó una señora al ver que el encargado de seguridad nos permitía entrar. Repitió un par de veces la misma frase, en busca de apoyo en su entorno.

—Somos de Venezuela —le dije y ella, con una sonrisa, aprobó nuestro ingreso.

No fue casual su grito. En agosto de 2010 aparece publicado en internet el estudio “La relación entre el tratamiento mediático corporativo de la contra violencia política y su desligitimación social”, realizado en Ecuador por Ana V. Sánchez para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso (organismo internacional creado en 1956 por la Unesco), en donde explica “cómo se puede despolitizar y banalizar un acto político mediante su mediatización y manipulación discursiva”.

Sánchez sostiene que la fabricación de las noticias está en correspondencia con los “intereses estratégicos de los poderes políticos y económicos que poseen o controlan los medios de comunicación”.

Esos medios, en Ecuador, están concentrados en ocho grupos económicos pertenecientes a igual número de familias, destaca una investigación de Guillermo Navarro Jiménez, que forma parte de su libro Los poderes fácticos (2006). Cada uno de estos grupos económicos o familiares posee, por lo menos, una televisora, radios, periódicos y revistas, y siete de ellas están relacionadas entre sí a través de la participación accionaria en sus empresas de comunicación, además de pertenecer a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

El Grupo Pérez controla el diario El Universo y las televisoras Ecuavisa y Univisa. Los diarios Expreso y Extra, así como la Radio Punto Rojo FM, pertenecen al Grupo Martínez, que junto con el Grupo Pérez también es accionista de Vanguardia, revista que se imprime en Minotauro, imprenta del Grupo Vivanco, que controla el diario La Hora y la radiodifusora Planeta FM Stereo. El Grupo Mantilla Mosquera posee el diario El Comercio, el vespertino Últimas Noticias, el Sistema Ecuadoradio y Radio Platinum, mientras que el control del canal Telenacional lo comparte con el Grupo Alvarado, que también participa en Univisa, pero cuyo ámbito de acción, aparentemente, está en las revistas impresas, entre ellas Vistazo y América Economía Ecuador. El Grupo Egas controla Teleamazonas y posee participaciones minoritarias en el diario El Comercio y en Edimpres, del Grupo Mantilla Mosquera. Esta última empresa también es compartida con el Grupo Mantilla Anderson, que además de manejar el diario Hoy, domina Radio Hoy y TVHoy, entre otras empresas de servicios satelitales y de información digital.

El más polémico de estos casos oligopólicos es el del Grupo Egas, cuyos activos principales se encuentran en el campo de la banca. La Constitución Nacional, refrendada por el soberano en 2008, estableció un plazo para disolver toda asociación entre la comunicación social y las finanzas. Así, dice en su artículo 312 que las “entidades o grupos financieros no podrán poseer participaciones permanentes, totales o parciales, en empresas ajenas a la actividad financiera” y expresamente “prohíbe la participación en el control del capital, la inversión o el patrimonio de los medios de comunicación social, a entidades o grupos financieros, sus representantes legales, miembros de su directorio y accionistas”.

“Es un golpe histórico a los poderes fácticos de este país, así que cuidado que van a intentar que no lleguemos hasta octubre, porque en octubre los bancos, que eran dueños de este país y de medio mundo, van a tener que vender todas sus empresas no financieras o, viceversa, van a tener que vender el banco”, señaló el presidente Correa a principios de julio de 2010.

El banquero Fidel Egas debía vender las acciones de Teleamazonas antes del 20 de octubre, y supuestamente transfirió sus valores a un fideicomiso en el que participan un grupo de amigos y conocidos del financista, además de un consorcio español y otro peruano.

“Me gustaba el poder de influencia que uno podía tener para cambiar la sociedad. A todos nos gusta que las cosas funcionen más o menos a nuestra forma de ver y ese fue un camino. Ahora lo dejo sin que, por supuesto, haya alcanzado ni lo más mínimo de lo que era mi sueño”, declaró Egás a El Universo, una semana después de que se perpetrara la intentona golpista.

La investigadora Sánchez sostiene que entre los medios privados de Ecuador existe un consenso periodístico, debido a la fuerte relación familiar de los factores de poder económicos, que tiene como fundamento “la mantención del statu quo y de un sistema de poder conveniente a sus intereses de clase”.

Cuando llegó Rafael Correa a la Presidencia, en 2006, Ecuador no contaba con un medio estatal audiovisual. Hace apenas tres años apareció la televisora pública Ecuador TV y su primera transmisión fue con la instalación de la Asamblea Constituyente, el 29 de noviembre de 2007.

Un año después inició transmisiones la Radio Nacional, primero con frecuencias en Quito y Guayaquil, y luego en Cuenca y Manta. Sus instalaciones en la capital ecuatoriana las comparte con la recién creada agencia estatal Andes y los periódicos —también estatales— El Telégrafo y PP.

Las televisoras Gama TV, TC Televisión y Cable Visión fueron incautadas el 8 de julio de 2008, por la Agencia de Garantía de Depósitos de Ecuador (AGD), a los hermanos William y Roberto Isaías, que adeudaban US$600 millones al Estado tras recibir esa cantidad de dinero cuando eran accionistas de Filanbanco, durante la crisis financiera de 1998 y 1999.

Una cadena de información

A partir de las dos de la tarde del día 30, los medios audiovisuales privados se enlazaron con la señal del canal público Ecuador TV, por disposición del Gobierno Nacional. La medida fue catalogada por la oposición mediática como un “apagó

Los comentarios se han cerrado.