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Eva Golinger: Hugo Chávez “ha dado todo de sí a Venezuela”

Eva_5El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, “es una persona que ha entregado todo de sí a su patria y a su proyecto de la revolución bolivariana”, aseguró la abogada y escritora Eva Golinger.

Chávez, que se encuentra bajo tratamiento contra el cáncer en La Habana, “ha dado un esfuerzo extraordinario estos meses en la campaña presidencial, logró el objetivo de ser reelecto y con una contundente mayoría”, pero ese esfuerzo “le ha costado mucho a su salud”, afirmó Golinger en diálogo con RT.

Además, la escritora y abogada consideró que el jefe de Estado venezolano “es una persona muy fuerte, muy optimista y capaz de vencer cualquier obstáculo”. Sin embargo, el hecho de que el mandatario haya propuesto como su posible sucesor al vicepresidente Nicolás Maduro, ”nos indica que su estado de salud es bastante grave”, advirtió.

Maduro es “uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar (…) con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo”, dijo anteriormente el líder venezolano.

“El anuncio que hizo el domingo (Chávez) va más allá de lo que significa esta próxima intervención quirúrgica. Es el hecho de que la recuperación no va a ser igual” y se está preparando “el terreno para pasar el bastón a los próximos que van a liderar en la revolución bolivariana”, señaló Golinger.

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CHÁVEZ

Por Eva Golinger

 La primera vez que conocí a Hugo Chávez fue en las Naciones Unidas en Nueva York, en enero de 2003. Me preguntó mi nombre, como si estuviéramos charlando entre amigos apenas conociéndose. Cuando le dije “Eva”, me respondió, “Eva, ¿sí?”. “Sí, Eva”, le dije. “¿Sabes que mi hermano se llama Adán?”, me dijo, y continuó: “Mi mamá quería que yo fuera hembra para ponerme Eva ¡y mira que salí yo!”. Se rió con esa risa suya, tan sincera y pura que siempre contagia a todos los que la escuchan.

Salió él. Chávez, hasta a sí mismo se subestimaba.

Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos.

Hugo Chávez soñó lo imposible y lo logró. Asumió la responsabilidad de las grandes y difíciles tareas que quedaban pendientes desde la época de la independencia, lo que Simón Bolívar no podía lograr por las fuerzas adversas en su contra. Chávez lo cumplió y lo hizo realidad. La Revolución Bolivariana, la recuperación de la dignidad venezolana, la justicia social, la visibilidad y el poder del pueblo, la integración latinoamericana, la soberanía nacional y regional, la verdadera independencia, la realización del sueño de la Patria Grande y mucho, mucho más. Todos estos son logros de Chávez, aquel hombre que salió así.

Hay millones de personas alrededor del mundo que ven en Hugo Chávez una extraordinaria inspiración. Chávez alza la voz sin temblar ante los más poderosos, dice las verdades –lo que otros temen decir- no se arrodilla nunca ante nadie, anda con firme dignidad, la cabeza en alto, siempre con el pueblo por delante y la visión y sueño de la patria próspera, justa y feliz. Chávez nos ha regalado a todos una fortaleza colectiva para combatir las desigualdades, las injusticias, para construir patria y para creer que un mundo mejor no es sólo un sueño, es una realidad alcanzable.

Chávez, un hombre que podría andar con los más ricos y poderosos del mundo, prefiere estar con los más necesitados, sintiendo sus dolores, abrazándolos y buscando como puede mejorar sus vidas.

Recuerdo un cuento que Chávez contó una vez, o varias veces, como suele hacer. Andaba en su caravana, por allí por los llanos en esos caminos largos y planos que parecen seguir hasta el infinito. De repente apareció un perro en la orilla de la vía, caminando cojo con una pata herida. Chávez dio órdenes para parar su caravana y salió a recoger el perro. Lo abrazó y dijo que lo tenían que llevar a un veterinario. “¿Cómo podemos dejarlo aquí, solito y herido?”, preguntó. “Es un ser, es una vida, hay que cuidarlo”, dijo, demostrando su sensibilidad. “¿Cómo podemos llamarnos socialistas sin importar la vida de los demás? Hay que amar, hay que cuidar a todos, incluyendo a los animales, que son unos inocentes”, recordó.

Cuando echó ese cuento me hizo llorar. Lloré porque amo a los animales y son tan maltratados por tantos, hacía tanta falta que alguien como él, Chávez, dijera algo así para despertar conciencias sobre la necesidad de cuidar a los que cohabitan con nosotros en este planeta. Pero también lloré porque allí Chávez confirmó lo que yo ya sabía, lo que yo sentía, pero que a veces uno duda de sí mismo. Allí Chávez confirmó que en el fondo, es un ser sencillo, sensible y amoroso. Un ser al que le duele el corazón cuando ve un perrito herido. Un ser que no solamente siente, sino actúa. Así salió él.

Cuando Chávez llegó a la presidencia de Venezuela el país andaba cojo. Él había visto sus heridos y sabía que tenía que hacer todo lo que podía para ayudarla. Llevó a Venezuela entre sus brazos, apretadita, buscando como mejorarla. Entregó todo de él –su sudor, alma, fuerza, energía, inteligencia y amor– para convertirla en dignidad, desarrollo, soberanía, patria. La atendió día y noche, nunca dejándola sola. Encontró su belleza, su fortaleza, su potencial y su grandeza. La ayudó a crecer, fuerte, hermosa, visible y feliz. Impulsó su renacimiento y llenó su pulso de fuerza y pasión, de poder popular y pueblo digno.

Chávez ha entregado todo de él sin pedir nada a cambio. Hoy, Venezuela crece y florece, gracias a su entrega, gracias a su dedicación, gracias a su amor.

Menos mal que salió así, Chávez.

3 Comentarios

  1. Las escuelas en EEUU, de tragedia en tragedia
    Lázaro Fariñas
    Durante mis últimos años de mi vida laboral, todas las mañanas veía llegar a los niños entrar felices a las diferentes escuelas donde yo trabajaba como oficial administrativo de las mismas. Llegaba muy temprano a mi oficina, más o menos dos horas antes de que el bullicio se apoderara de los pasillos del edificio de la escuela. La inocencia de los niños y niñas inundaban el ambiente, mientras estos llegaban a las aulas donde, tranquilamente, los esperaban sus maestras para comenzar el día escolar. En algunas ocasiones, dejaba mi escritorio para ayudar a los que los recibían en las puertas ya que me gustaba verlos llegar con la alegría típica de alguien que apenas comienza su camino en la vida real. Se reían y jugaban entre ellos creando un aire de felicidad en todos los rincones de aquellas edificaciones, contagiando a los adultos que los cuidaban, envolviéndolos en sus deseos de vivir alegremente. Daban los primeros pasos para adentrarse en la sociedad, sin tener ni la menor idea de lo que les podía deparar el porvenir.
    Así, como los niños que hacían felices mis mañanas de trabajo, así llegaban a una escuela de Connecticut otros niños el pasado 14 de diciembre, sin tener la menor sospecha de lo que el destino les deparaba a 20 de ellos una hora más tarde. Cuando el joven de 20 años irrumpió, armado hasta los dientes y lleno de odio, en dos aulas de la escuela, lo único que llevaba en su mente era asesinar a esos indefensos niñitos que caían ante sus ojos como soldaditos de plomo. La historia se volvía a repetir, otra vez las escuelas se convertían en el centro de un espectáculo espantoso de horror en donde la violencia regresaba para hacer de las suyas y tomar las riendas del destino de víctimas inocentes.
    Desde que en mayo de 1927, en el pueblo de Bath en el norte del estado de Michigan, Andrew Kehoe colocó explosivos en la escuela local, los cuales, al explotar, dejaron a 38 niños y siete maestros muertos, hasta el pasado viernes, 14 de diciembre, han sido decenas de casos similares los que han ocurrido en diferentes años y en diferentes estados de la unión americana. Centenares de seres inocentes han sido víctima de estos actos irracionales, perpetrados por personas llenas de odio, subproductos de una sociedad en donde ha imperado la violencia desde su misma fundación.
    Desde la guerra por su independencia, hasta la fecha, los Estados Unidos han estado constantemente sumergidos en guerras y conflictos nacionales o internacionales. La Guerra Civil, que se llevó a cabo desde 1861 hasta 1865, dejó un saldo de víctimas de más de 600,000 de ambos lados del conflicto y cicatrices que aún, hoy en día, no se acaban de sanar.
    Las guerras han mantenido un alto nivel de violencia en el subconsciente de la sociedad norteamericana, tanto así, que pululan los juegos de video en donde unos se matan a los otros y que están al alcance de los niños de cualquier edad.
    La Constitución de Estados Unidos, en su segunda enmienda, da el derecho a los ciudadanos de este país de comprar y portar armas de fuego. Con mucha facilidad y prontitud cualquier ciudadano puede llegar a cualquier tienda que se dedica a la venta de las mismas y comprar, desde un revolver de menor calibre, hasta un rifle de asalto, con solo llenar un pequeño formulario sin importancia. Esa enmienda que ha sido ampliamente criticada por grandes sectores de la sociedad consiente de la gravedad que representa el hecho de tener un arma de fuego, parece estar escrita en piedra.
    La Asociación Nacional del Rifle, esa poderosa institución norteamericana que mantiene la presión en el Congreso de los Estados Unidos para que no sea abolida la enmienda, ha logrado, hasta el momento, que cualquier iniciativa en ese sentido sea derrotada por los legisladores.
    Mientras se mantenga la facilidad de que cualquiera pueda hacerse de un arma de fuego, mientras se siga con la mentalidad de que los conflictos se resuelven por la fuerza, mientras se permita que los juegos de video inciten a la violencia extrema, me temo que las tragedias, como la que acaba de ocurrir en Connecticut, seguirán repitiéndose en esta sociedad y que otros pinos nuevos verán sus vidas truncadas y dejarán de ser, como decía el Apóstol de la independencia de Cuba, “la esperanza del mundo”.

  2. Eva, ¡qué bellas palabras!..
    Y no son gratuitas, Chávez se lo merece y más…

  3. Gracias, Eva, por tan justa y hermosa valoración de ese titán hijo de Bolívar.
    Abrazos.

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