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Puerto Rico: la mafia cubanoamericana abandonada por sus aliados

carlos-muñiz-varela-320x277RAUL ALZAGA MANRESA – Desde principios de la década de 1960, y luego de la llegada de los primeros exiliados cubanos, Puerto Rico se convirtió en su santuario y retaguardia. Aquí se inscribieron en el 1962, ante el Departamento de Estado, como organizaciones “sin fines de lucro” las agrupaciones Alpha 66, Comandos L y el JURE, esta última dirigida por el ingeniero Manolo Ray Rivero, al cual se le otorgó un trabajo por varios años durante la gobernación de Luis Muñoz Marín. Las tres organizaciones fueron responsables de innumerables acciones violentas contra Cuba a lo largo de la década de 1960.

En Puerto Rico se entrenaron, en la isla de Vieques, los “hombres ranas” que desembarcaron en Playa Girón aquella madrugada del 16 de abril de 1961. Igualmente, unidades navales de la Marina de Guerra estadounidense zarparon desde aquí rumbo a Cuba, como parte del apoyo a la invasión mercenaria de Playa Girón. No es casual que el jefe de la CIA, Allan Dulles, estuviera reunido ese día en La Fortaleza con el gobernador Luis Muñoz Marín. El desarrollo de la invasión lo obligó a abandonar precipitadamente el almuerzo en la residencia del gobernador. Así lo testifica el entonces secretario de Estado, y luego gobernador de Puerto Rico (1964-1968), Roberto Sánchez Vilella. (1)

Hasta 1965 estas organizaciones recibieron el respaldo político y económico del gobierno puertorriqueño, al igual que de importantes figuras del mundo empresarial, como Luis A. Ferré, quien llegó a ser gobernador de la Isla entre 1968 y 1972. Esto sin contar las repetidas ocasiones en que dichas organizaciones violaron algunas leyes sin que las autoridades del país las molestaran o procesaran (2). Hasta 1965 también existió una estación de la CIA en San Juan.

A partir de 1965, Puerto Rico, además de ser refugio de estas organizaciones exiliadas, se convirtió en un campo de batalla. Ya no se organizarían acciones violentas desde Puerto Rico contra Cuba, sino que la violencia se empezaría a ejercer dentro del territorio puertorriqueño. En la madrugada del 9 de octubre de 1965, el barco mercante de bandera española Satrustegui sería objeto de un atentado dinamitero con el propósito de hundirlo en la bahía de San Juan. En esos momentos la organización MIRR, dirigida por Orlando Bosch Ávila -el mismo que años más tarde sería uno de los autores intelectuales del criminal derribo de un avión de Cubana de Aviación en octubre de 1976-, desarrollaba una campaña violenta contra todo aquel país que comerciara con Cuba con artículos básicos como medicinas y alimentos. Eran momentos en que el bloqueo económico a Cuba se recrudecía por Estados Unidos y algunos países como México, España e Inglaterra, mantenían comercio con la Isla. En ese incidente, y como excepción, fue arrestado el cubano exiliado José Rodríguez Pérez, quien cumplió una breve sentencia de cárcel de apenas unos meses.

El 12 de septiembre de 1968, un segundo barco mercante, el SS Koromoto, con iguales características que el Satrustegui, era dinamitado por el Cuban Power, organización clandestina dirigida también por Orlando Bosch Ávila.

El 9 de enero de 1969 se entrega a Prensa Unida Internacional (UPI) un comunicado de la organización clandestina Cuban Power, donde se le declaraba la guerra al MPI (Movimiento Pro Independencia), por sus vínculos con la Revolución Cubana. En menos de 24 horas una potente bomba destruía el carro del dirigente independentista Juan Mari Brás. (3)
Ese mismo año la organización Cuban Power, dirigida por Orlando Bosch Ávila, continuó atacando barcos mercantes en las costas de la Florida. Bosch fue arrestado y condenado en 1968 a varios años de prisión, siendo liberado bajo palabra en 1974.

Era tanto el poder de influencia y relaciones que tenían dichas organizaciones en Puerto Rico que, cuando el primer arresto en 1965 de José Rodríguez Pérez, usaron sus influencias para llegar al entonces gobernador Sánchez Vilella y solicitarle que intercediera por el acusado (4).  Cuando el arresto en 1968 de Orlando Bosch, desarrollaron una campaña de cartas al presidente de Estados Unidos (EEUU) Richard Nixon, solicitando su clemencia. Para lograr esto se acercaron al exgobernador Muñoz Marín para que facilitara la entrega de dichas cartas al entonces presidente Nixon. Documentos desclasificados indican que Muñoz dio instrucciones a Santiago “Chaguín” Polanco Abreu para que cumpliera con la petición de los exiliados. (5)
Corría el año de 1972 y en la OEA (Organización de Estados Americanos) se discutía la posibilidad de eliminar la prohibición a los países latinoamericanos para que pudieran restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. Esto provocó la histeria del exilio y ya para 1974 empezaban a explotar bombas en representaciones diplomáticas, líneas aéreas y negocios pertenecientes a los países que decidieron restablecer relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba. Países como Venezuela, Argentina y Perú empezaron a recibir los ataques terroristas de las organizaciones exiliadas. Puerto Rico no estuvo al margen de esos actos terroristas porque, a pesar de que no tenía nada que ver con esa decisión de la OEA, en su territorio sí había representación de esos países.

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet organizó un golpe de estado contra el legítimo presidente chileno Salvador Allende y en muy breve tiempo dicha dictadura se convierte en un importante aliado de los exiliados cubanos, con el beneplácito del gobierno estadounidense y la Agencia Central de Inteligencia. Orlando Bosch Ávila es puesto en libertad bajo palabra y visita Puerto Rico en marzo del 1974. En esa ocasión fue recibido por el principal líder exiliado de la época, Enrique Núñez Álvarez, director del semanario Réplica, versión de Puerto Rico. En su paso por Puerto Rico estableció contactos, recogió dinero y siguió rumbo a Chile, Costa Rica y Venezuela, en donde fue finalmente arrestado por su participación en la conspiración y planificación de la voladura del avión de Cubana de Aviación en octubre de 1976.

En 1974 se organiza también en la ciudad de Miami el FLNC (Frente de Liberación Nacional Cubano), organización clandestina cuyos miembros se nutren de tres organizaciones públicas: Halcones Dorados, Acción Sindical Independiente (ASI) y la Agrupación Abdala. En Puerto Rico dicha organización sería responsable de innumerables actos terroristas durante esos años de 1974 al 1980. El objetivo principal era impedir, ya no la venta de medicinas y alimentos como en la década de 1960, sino el comercio entre los primeros países latinoamericanos que decidían normalizar sus relaciones con Cuba, además de golpear a todos aquellos que fueran solidarios con Cuba, entiéndase el movimiento independentista y socialista puertorriqueño. De acuerdo a documentos desclasificados, entre los miembros fundadores se encontraban Enrique Núñez Álvarez, del semanario Réplica; Reynol Rodríguez González, Frank Eulalio Castro Paz, con residencia en República Dominicana; Luis Alberto Crespo del Valle y Humberto López, en Miami. Es esta misma organización la que se plantea por idea de Reynol Rodríguez González, planificar, a partir de noviembre de 1975, la eliminación física de Juan Mari Brás, dirigente independentista y socialista de Puerto Rico (6). En 1975, también se forma un comando compuesto por Frank Castro Paz, Annie Dewindt, René Fernández del Valle y su esposa Gloria Cordero Haydon, el americano Jimmy Everett, con el apoyo de Reynol Rodríguez González, para intentar volar un avión cubano en la isla de Trinidad y Tobago, un año antes de que desde Venezuela se realizara el mismo objetivo. (7)

En junio de 1976, Orlando Bosch Ávila y Frank Castro Paz, entre otros, fundan en República Dominicana el C.O.R.U. (Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas). El C.O.R.U. es una organización terrorista de exiliados cubanos bajo la cual se agrupan cinco organizaciones exiliadas, entre ellas el FLNC, dirigidas en Puerto Rico por Reynol Rodríguez González y entre cuyos miembros, según descubrimos recientemente por documentos desclasificados del FBI (29 de febrero de 2012) se encuentra Julio Labatut Escarra, sospechoso principal en la conspiración para asesinar a Carlos Muñiz Varela en abril de 1979. El C.O.R.U intentaba fortalecer su campaña terrorista basada en el concepto de “La Guerra por los Caminos del Mundo” desarrollada por José Miró Cardona. La estrategia consistía en golpear todo objetivo cubano y sus aliados en el mundo. La voladura del avión de Cubana de Aviación fue uno de sus actos terroristas más destacados. En cuanto a este punto, los miembro del FLNC en Puerto Rico tenían la misión de ayudar a uno de los complotados, Hernán Ricardo, a recibirlo en San Juan y darle protección luego de los hechos. Frank Castro había llegado a San Juan el 3 de octubre desde Venezuela unos días antes del 6 de octubre para impartir las últimas instrucciones. Hernán Ricardo hacía gestiones nada menos que con el representante del FBI (legat) en la embajada norteamericana de Caracas, Joe Leo, para entrar como periodista por San Juan el 1 de octubre. Al menos eso era lo que él alegaba.

A finales de 1978 se comenzaba una nueva relación entre los cubanos residentes fuera de Cuba y el gobierno y pueblo de Cuba, que permitió la liberación de casi todos los presos que se encontraban en cárceles cubanas. Igualmente, se abrió la posibilidad de que los cubanos que vivían fuera de la isla viajaran a Cuba y se reencontraran con sus familiares. Ahora las organizaciones exiliadas y sus organizaciones armadas, entraban en una nueva etapa: evitar que los cubanos exiliados viajaran a Cuba. Ya no sería para impedir que llegaran barcos de alimentos y medicina, o evitar que países latinoamericanos decidieran restablecer sus relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, ahora se enfrentaban a sus aliados naturales, los exiliados cubanos. En cierta forma, y visto como proceso histórico, era una prueba de su debilidad política y hegemónica, a pesar de la peligrosidad de sus actos.

Carlos Muñiz Varela fue instrumental en llevar a la práctica esos cambios que se desarrollaban entre los cubanos de adentro y los de afuera, por lo tanto el odio contra él no se hizo esperar y la primera bomba era colocada en su pequeña oficina de Viajes Varadero el 4 de enero de 1979.
Las organizaciones exiliadas casi siempre tuvieron el respaldo de las autoridades puertorriqueñas y federales tanto en sus acciones legales como ilegales. El FBI se dedicó a monitorear todas las acciones terroristas de estos grupos pero sin ningún interés en reprimirlos salvo en contadas ocasiones, como en el caso del asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier en Washington. Muchos documentos desclasificados lo demuestran.

El 24 de enero de 1979, el Senado de Puerto Rico, a petición del senador Nicolás Nogueras, aprobaba una resolución que se oponía al diálogo iniciado con el gobierno cubano y los viajes a Cuba. Uno de los Resuélvase leía así: “Rechazar y repudiar enérgicamente todo tipo de diálogo, componenda o transacción con el régimen comunista de Fidel Castro” y “Exhortar al exilio cubano a mantener su unidad en la lucha por la liberación de Cuba y evitar toda división y conflicto dentro de su liderato y militancia”. La mesa estaba servida, ya no solo contaban con el apoyo de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico, con el de los elementos corruptos dentro de la División de Homicidios de Puerto Rico -encabezada por el coronel Alejo Maldonado Medina- con la tolerancia y complicidad del FBI, sino que ahora tenían, al igual que en años anteriores, el aval del estamento político del país a través del propio Senado de Puerto Rico. El camino estaba abierto para lo que les diera la gana hacer, como también las posibilidades de encubrir, entorpecer y demorar cualquier gestión encaminada al esclarecimiento del asesinato de Carlos Muñiz Varela.

Situaciones desarrolladas en el país a partir del arresto del Coronel Alejo Maldonado Medina y su grupo de oficiales corruptos (1982-1985); la investigación llevada a cabo por el Senado de Puerto Rico en 1984 sobre los asesinatos de los 2 jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla el 25 de julio de 1978, y la posterior convicción de los agentes de la División de Inteligencia de la Policía vinculados a dichos crímenes; la investigación llevada a cabo por la Comisión de Derechos Civiles en cuanto a la persecución a independentistas o “carpeteo” y el desmantelamiento de la División de Inteligencia en 1987, abrieron unos espacios en el país que permitieron, por primera vez, que se iniciara algún tipo de investigación en cuanto al caso de Carlos Muñiz Varela y Santiago Mari Pesquera. Los exiliados cubanos empezaron a perder aliados en el país.

Sólo el empeño, la tenacidad y la consistencia de un puñado de hombres y mujeres, más de 200, de lo mejor del país -puertorriqueños y cubanos- han logrado a lo largo de estos 33 años ir rompiendo el muro del secretismo y lograr que empiece a brotar la verdad. Las recientes desclasificaciones de documentos de Viajes Varadero y Carlos Muñiz Varela, más las que vienen en camino, harán imposible seguir escondiendo la verdad y seguirán restándole excusas al Estado para no actuar. En eso estamos comprometidas muchas más personas de las que se imaginan y será al final el mejor homenaje a la memoria no sólo de Carlos Muñiz Varela y Santiago Mari Pesquera, sino de todos aquellos que fueron víctimas del terror y la violencia.

1 Comentario

  1. (I-D) Con Carlitos en el balcón de mi apartamento, frente al ICAP, por la calle 17 del Vedado y foto de su asesinato en Puerto Rico por contrarrevolucionarios cubanos de Miami y Puerto Rico…

    Crónica: Crimen con letras MAYUSCULAS

    CRONICAS… ARGOS: MARZO 28 DE 2011…

    xMarcos Jesús Concepción Albala*

    Conocí a Carlos Muñiz Varela a su llegada a La Habana, junto con sus inseparables compañeros Álzaga, Fraga y Negrín, este último también asesinado en New Jersey, Estados Unidos.

    A Carlitos lo recibí en La Habana en varias ocasiones. También lo despedí por última vez el 19 de Abril de 1979, en el piso 17 del habanero Hotel Capri, para saber después por las desagradables noticias que me llegaban desde Puerto Rico, que elementos contrarrevolucionarios cubanos, unos radicados en Puerto Rico y otros enviados desde Miami, habían terminado con su vida.

    El terrible atentado tuvo lugar cuando se dirigía en su auto a su casa en Guaynabo. Una pérdida irreparable. Carlitos tenía sólo 25 años de edad, el día de su muerte, el 28 de abril de 1979.

    La contrarrevolución cubana, los terroristas cubanos que se pasean con la anuencia del Gobierno norteamericano por las calles de Miami y de Puerto Rico, terminaron con la vida de un joven inocente sin el menor escrúpulo. Un crimen de lesa humanidad cometido bajo la sombra de la democracia norteamericana.

    Carlitos murió con preguntas sin respuesta. Los que lo asesinaron, desconocían que le quitaron la vida a un joven con el único secreto de sus enormes inquietudes, solo eso, inquietudes.

    Conocer la profundidad del proceso revolucionario cubano requiere de una sabia lectura sobre la historia republicana de nuestro país, y en el caso de Carlitos, lo único que logró en corto tiempo, fue el reencuentro de sus raíces, y la seguridad y confianza en el proceso revolucionario cubano.

    Testigo soy de las tantas horas que compartimos juntos en la sala de mi apartamento del Vedado, donde intercambiábamos experiencias. Nuestras tertulias eran hasta altas horas de la madrugada. Era incansable cuando el tema a tratar era el de Cuba y su proceso político.

    Carlitos padecía de una enfermedad estomacal, si mal no recuerdo, era de una hernia diatal desarrollada y que no cuidaba. Le fascinaba la comida cubana; los frijoles negros, la yuca con mojo, el arroz blanco con platanitos maduros fritos, aunque no era de mucho comer, y no todo lo que comía le caía bien.

    Almorzando en mi casa y coincidiendo con una visita de mi mamá a Cuba, Carlitos me contó de su padecimiento. Ese almuerzo fue a finales del 1978. De este almuerzo tengo constancia grafica.

    La tarde en que lo despedí en el piso 17 del Hotel Capri, del Vedado, compartíamos con Álzaga, Fraga y Negrin. Carlitos pidió permiso a los presentes y me haló por un brazo hasta una esquina del salón, y me preguntó sin mediar introducción alguna. ‘Marcos, antes de partir de Cuba, quiero hacerte una pregunta, ¿tú eres de la Seguridad del Estado’? Mi respuesta fue muy simple, amén de que me hizo trastabillar. ‘Carlitos, si yo lo fuera, no te lo iba a decir, pero soy más que eso, soy cubano y Revolucionario’. Miró fijo a mis ojos por unos segundos, y oí decir sus últimas palabras. ‘Entiendo’. Ahí nos despedimos con un fuerte abrazo.

    Por su importancia, reproduzco dos artículos sobre Carlitos, uno en el Periódico Girón de la Provincia de Matanzas, Cuba (http://www.giron.co.cu/Articulo.aspx?Idn=6&lang=es) publicado el día 25 de Mayo de 2009, y el en el Enlace ‘Rebelión’ (www.rebelion.org) publicado el 16 Septiembre de 2010…

    ‘Aniversario 30 del Asesinato de Carlos Muñiz Varela’

    xIgnacio López Marrero
    Periódico Girón, Cuba.

    Crudo testimonio sobre la Operación Peter Pan, quizás la más infame intriga de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que con el tiempo originó el monstruoso asesinato de CARLOS MUÑIZ VARELA.

    Entre el 26 de diciembre de 1960 y el 22 de octubre de 1962, alrededor de 14 mil niños cubanos no tuvieron la oportunidad de decidir sus destinos y, engañados, fueron reducidos a un brutal desarraigo de la nación que los vio nacer. Esta visión histórica narra episodios sobre uno de aquellos menores, Carlos Muñiz Varela, natural de la ciudad de Colón, en la provincia de Matanzas, posteriormente asesinado el 28 de abril de 1979 en las calles de San Juan, Puerto Rico, por querer el reencuentro entre cubanos.

    Enemigo aprovecha el momento psicológico

    Para cometer este crimen, agentes de los servicios especiales del gobierno norteamericano y contrarrevolucionarios cubanos falsificaron un documento concebido como una ley, con todos sus por cuantos, según la cual, Cuba suprimiría el eterno derecho de los padres a la guarda y custodia de sus hijos.

    Una vez concluido el escrito difundieron asombrosas mentiras al mundo, con énfasis en los Estados Unidos y en nuestro país, en las cuales afirmaban que la copia de esa Ley sobre la Patria Potestad, había sido sustraída del despacho de Fidel Castro.

    Aquella falsa disposición estaba plasmada en los siguientes términos: Ley de la Patria Potestad. Artículo 1: Se derogan los capítulos 1, 2, 3, 4, y 5 del Título 7, que derogan las instituciones de la Patria Potestad y la Adopción, quedando vigente el Código Civil y derogando totalmente los artículos 154 y 180.

    Radio bemba en acción

    Cualquier cubano hubiera subestimado semejante truco. ¿Quién iría a hacerle caso a eso en Cuba? Pero, lamentablemente, surtió efecto. Se convirtió en miedo real porque coincidió con un momento psicológico adecuado: la promulgación de las profundas y radicales primeras leyes y disposiciones revolucionarias.

    En la atmósfera de tensiones y choques de intereses entre una clase triunfante y otra en derrota, se imprimió y circuló el infame documento. Muchas familias comenzaron a mandar a sus hijos al extranjero.

    Un niño ve dos símbolos: Camilo y Che

    Idania era secretaria de juzgado, viuda y madre de dos menores (Miriam y Carlos). Este último, nacido el 10 de agosto de 1953 en la calle Gonzalo de Quesada No.15, ciudad de Colón, provincia de Matanzas. Ella enfrentó los avatares de la vida, unida siempre a sus hijos.

    Un día de 1959 los muchachos del barrio, incluidos ambos hermanitos, se arremolinaron en la casa del médico y capitán del Ejército Rebelde, Oscar Fernández Mell, porque allí estaban Camilo y el Che, y los dos niños vieron a los heroicos combatientes.

    Solo la fuerza de los hechos con el paso de los años podrían revelar las realidades ocultas en el alma de Carlitos al presenciar aquel acontecimiento. Pero su madre, confundida, se dejaría arrastrar por los rumores del enemigo, y en febrero de 1962, se jugó la carta de la emigración.
    Cuando todo habla en nosotros, menos la boca “Mamá debía ser para nosotros una extraña durante todo el vuelo. Si llegábamos allí diciendo que habíamos viajado solos, enseguida nos darían campamento y una beca”, recuerda Miriam años después.

    “Cumplimos las instrucciones con mucha disciplina. Aterrizamos en Miami, y yo, como hermana mayor, llevaba a Carlos de la mano. Le recordaba constantemente que no podía dirigirse a mima ni descubrir que ella se encontraba allí.

    “Carlos no comprendía aquello porque era muy chico y la buscaba con la cabeza, con deseos de llamarla, de decirle algo. Él miraba y buscaba ansioso, pero no lo hizo.

    “Íbamos con mucha tensión unos 20 niños. Algunos lloraban. Después nos separaron y enviaron a un campamento que se llamaba Florida City, lleno de casitas habitadas por matrimonios que atendían a ocho o 10 niños. Yo fui a una y Carlos a otra.

    “Era la primera vez que se separaba de mi mamá, no tenía nadie conocido cerca y lloraba. Cuando se ponía mal me llamaban para que se tranquilizara. Le aseguraba que muy pronto nos iríamos de allí, que al otro día veríamos a mamá.

    “Llegó la esperada beca. Era para Nevada… Ironía: huíamos de Cuba para que no nos mandaran para Rusia, y en Estados Unidos nos enviaban a Nevada”.

    Hipocresía y silencio cómplice

    Atrás quedó la Isla. Ya estaban, por decirlo como allí en tierra de libertad, a salvo del malévolo comunismo. Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y unos 14 mil niños asombrados.

    Un monseñor de sonrisa socarrona se vanagloriaba de haber encabezado la recepción, la ayuda del Catholic Welfare, aunque él sabía bien que no fue la Iglesia, sino el gobierno norteamericano quien dirigió realmente la Peter Pan Operation.

    De nuevo el rostro enigmático de la ironía: para jugar con el destino infantil tomaron el nombre de uno de sus personajes favoritos, cuyas aventuras nada tuvieron que ver con sucesos tan poco edificantes.

    “Así que jamás olvidarán ese nombre los muchachos, ni tampoco el del campamento en que estuvieron: sea Kendall, Matecumbe, Opa-Locka, Florida City, Jesuit Boy’s Home, San Rafael o Cuban Boy’s, jamás olvidarán el engaño.

    “Yo vivía bajo una carpa en Matecumbe, como los nómadas. La alimentación era bastante deficiente y mala mi salud. No existían relaciones de compañerismo. Era una lucha donde sobrevivía el más fuerte.

    “Había constantes robos, peleas, agresiones corporales, y en medio de todas aquellas calamidades, el señor cura que dirigía el campamento, tenía una oficina equipada con aire acondicionado y apenas salía de allí.

    ”Aquel mundo de carpas y de niños infelices no era el suyo. Después me internaron en un orfanato, en la costa, cerca de Filadelfia”. (Narraciones en ¿Por qué Carlos?, de Luis Adrián Betancourt).

    Imagen del héroe

    Se nace varón o hembra. Se aprende a ser hombre o mujer. La dramática aventura norteamericana de la familia Muñiz Varela terminó con una segunda emigración, esta vez hacia Puerto Rico, que no les deparaba mejor vida.

    En la escuela pública, entre los amigos de la calle y la vida modesta que debía encarar todos los días, creció y se educó Carlos, y en el curso 1971-72 ingresó en la Universidad del Estado Libre Asociado.

    Con la madurez intelectual comenzó a interesarse por sus raíces. Dentro de la Juventud Independentista Universitaria fue integrante de la Comisión Política y Secretario de Asuntos Obreros.

    Participó en la organización de la Brigada Antonio Maceo, dentro de la cual logró su reencuentro con la Patria, en diciembre de 1977.

    Después de su regreso a Puerto Rico, el joven que una vez fue arrastrado lejos de su país por una fuerza diabólica que entonces no pudo vencer, ya estaba en la lista negra de la mafia contrarrevolucionaria allí asentada. Pero ahora en él convergían la sensibilidad, las ideas políticas y la calidad de hombre. Prosiguió sus actividades.

    Abrió la Agencia de Viajes Varadero en un escenario hostil a Cuba y a su Revolución, plagado de asesinos profesionales en complicidad con autoridades políticas y la Policía. Tampoco se detuvo ante las amenazas de muerte.

    El sábado 28 de abril de 1979, se conmemora el aniversario 30 de aquel horrendo crimen, cayó ultimado a balazos en las calles de San Juan a los 26 años de edad, víctima de un atentado.
    Era miembro del Comité Nacional de la Brigada Antonio Maceo, integrada por jóvenes de la comunidad cubana en el exilio. Muy pronto se supo quiénes eran los organizadores del crimen, el nombre de los ejecutores y su filiación al odio. Jamás fueron condenados.

    ¿Por qué lo mataron?

    Carlos era uno de los héroes del diálogo, del reencuentro entre cubanos que propiciaba una política más flexible respecto a Cuba, bajo el gobierno de James Carter, y del reclamo universal histórico de unir pueblos.

    Conversar, volver a los orígenes y tender un puente entre Puerto Rico y Cuba, significaban la paz, pero los lobos que hace ahora 30 años lo balearon, son cómplices de los chacales como Posada Carriles y sus secuaces, que no pueden vivir en paz.

    En una ocasión, al niño de nueve años se lo llevó la fuerza de la mentira. En otra, cuando la energía misteriosa del amor propio de los buenos nos lo devolvía, fue derribado por el plomo del mismo enemigo de los pueblos.

    ‘Nuevo fiscal en el caso del asesinato de Carlos Muñiz Varela’

    xJean-Guy Allard
    Rebelión

    A penas cuatro días después del fallecimiento de Juan Mari Bras, líder independentista que fue objeto durante años de ataques de la mafia terrorista cubanoamericana, las autoridades judiciales puertorriqueñas anuncian el nombramiento de un nuevo fiscal en la investigación sobre el asesinato de Carlos Muñiz Varela, ocurrido hace 31 años,

    La noticia ha sido publicada este martes, 14 de septiembre, por el Secretario de Justicia de Puerto Rico, Guillermo Somoza Colombani. El funcionario designado, cuyo nombre no fue divulgado, se encargará de continuar la investigación del crimen “cuya autoría se le atribuye a miembros de la extrema derecha del exilio cubano”, precisa el diario Primera Hora, de San Juan.

    Poco antes de abandonar su puesto, el ex gobernador de la isla caribeña, Aníbal Acevedo Vilá, pidió por carta a Barack Obama, entonces presidente electo de Estados Unidos, que ordenara al FBI de San Juan que colabore, por fin, con la investigación de los asesinatos del cubano Muñiz Varela, ocurrido en 1979, y del boricua Mari Pesquera, en 1976.

    En este mismo periodo, el ex secretario de Justicia, Roberto Sánchez Ramos, reveló que el propio jefe del FBI en Puerto Rico, Luis Fraticelli, le confesó que existían evidencias que esclarecen el caso.

    Esas pruebas siempre se mantuvieron secretas.

    “NO PODRAN IMPEDIR LA PRIMAVERA”

    Muñiz Varela acababa de organizar, al crear la agencia Viajes Varadero, viajes de cubanos exilados a Cuba. cuando fue asesinado con 25 años de edad, el 28 de abril de 1979.

    Su hermano de lucha y sucesor en la agencia, Raúl Álzaga, señaló, en entrevista desde Puerto Rico, cómo durante los últimos años “un pequeño grupo de investigadores puertorriqueños y no puertorriqueños han empezado a investigar, estudiar y escribir sobre la década del 70, muy similar en su intensidad a la década del 30 y 40, en la lucha por la independencia de Puerto Rico”.

    “El papel negativo y retardatario de las fuerzas exiliadas cubanas en Puerto Rico ha sido un elemento a estudiar en los últimos años. Ellos -acompañados de la mano por las agencias de inteligencia norteamericana, en particular de la inteligencia naval y la CIA, con el beneplácito del FBI- se beneficiario de un manto de impunidad y tolerancia durante décadas”, afirmó.

    Álzaga precisa cómo el Comité de Amigos y Familiares de Carlos Muñiz Varela como parte de la Comisión por la Verdad y la Justicia, se ha concentrado en contribuir a esclarecer o al menos a aproximarse a los hechos que provocaron varios asesinatos políticos en la década del 70, al emplazar continuamente al Estado a que se investigue a crímenes tales como el asesinato de Santiago “Chagui” Mari Pesquera y Carlos Muñiz Varela, entre otros.

    “La Verdad al final se abrirá paso y como se dice, citando a Pablo Neruda, en una tarja de la biblioteca Carlos Muñiz Varela de la Cooperativa de Vivienda donde él vivió: Podrán cortar todas las flores pero no podrán impedir la primavera”.

    Siempre recordaré su nobleza y su fragilidad física. Sus expresiones definidas, de baja estatura, de pocas palabras cuando el tema no le interesaba, delgado, cuidadoso al hablar, inteligente, respetuoso, respiraba tranquilidad… y con muchos deseos de seguir investigando como había sido posible que en Cuba, a 90 millas de Estados Unidos de Norteamérica, se hubiese producido una Revolución Socialista. Carlitos se lamentaba de no haber iniciado su participación mucho antes. Por eso hoy confieso con mucha seguridad que se fue sin cumplir su sueño planificado. Su gran sueño…

    Estos dos Artículos cumplen parte de mi compromiso con el que fuera mi amigo y compañero… Yo conocí profundamente a Carlitos y doy fe que no logro ser ni miliciano en Cuba… Y por supuesto, lamentablemente se despidió para siempre convencido de que yo era un Oficial de la Seguridad del Estado cubano… Craso error de percepción…

    *Marcos Jesús Concepción Albala… (Trinidad/Casilda, SS, Cuba)… Reside en Miami, Florida, Estados Unidos… Licenciado en Gestión Comercial Internacional… Miembro de la ‘FELAP’ http://www.felap.info – Director de la Agencia de Información ArgosIs-Internacional… @: argosisdirector@yahoo.comargosisinternacional@gmail.com – WEB: http://www.argosisinternacional.com – http://espanol.groups.yahoo.com/group/ArgosIs-Internacional

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